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Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca)

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Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca) Empty Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca)

Mensaje  Lois_Lane Sáb Sep 07, 2013 11:24 pm

Fuente: JotDown.es



La rebelión se hace tanto contra la mentira como contra la opresión. Además, a partir de esas determinaciones, y en su impulso más profundo, el rebelde no preserva nada, puesto que pone todo en juego. Exige, sin duda, para sí mismo el respeto, pero en la medida en que se identifica con una comunidad natural. Albert Camus. El hombre rebelde1951
«Los griegos nos dejaron tres cosas: la literatura, el vino y la democracia. Esta es la que no se puede vender. Tiene todo esto mucho que ver con lo que es toda una tradición occidental, donde literatura y vino han ido muy de la mano; no se trata aquí de que los poetas bebieran vino, no es eso». Es así como  José Luis —librero, profesor de filosofía, erudito, espléndido conversador— comienza a perfilar el esbozo sobre la perfecta simbiosis que se da en este particular espacio, de nombre tan literario (aun cuando no deba su nombre al cuento): La biblioteca de Babel: librería de fondo, bodega, y café literario; número tres de la calle Arabí de Palma de Mallorca.
Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca) DSCF2707
«Es una librería básicamente de humanidades. Ahí tenemos un espacio dedicado a la mitología, allí poesía y memorias, viajes… Todo esto de aquí es narrativa». El fondo de Acantilado al completo bajo el mismo techo, «es la editorial que más me gusta; igual tenemos casi  todo el catálogo de Atalanta, o de KRK». Sonríe, se le nota esa cierta satisfacción: le gusta mucho su librería. «Esta parte es la dedicada al ensayo; hemos mezclado un poco cosas de sociología, economía, algo de historia, que a mí me interesa bastante menos; creo que dentro de las humanidades la historia no es tan interesante, la verdad».
Es, cuando menos, impresionante la sección dedicada al vino. No es ni de lejos la típica librería que tiene un rinconcito donde hay alguna que otra botella. Esto aquí se ha tomado muy en serio. «Libros sobre vino yo te diría que los tenemos todos, también algo de gastronomía». En La biblioteca de Babel pueden encontrarse unas 200 referencias de vinos, vinos americanos, de Nueva Zelanda, vinos franceses «muy buenos», riberas, riojas, mallorquines, vinos griegos, húngaros, alguno sudafricano. «Estos de aquí son vinos de hielo alemanes» [¿Perdón?] «Los nórdicos, sobre todo en Finlandia, cogen las uvas por la mañana, congeladas. Luego de esas uvas sale el vino de hielo». Y hay también vino kosher, vinos de Canarias, de California. Ya les digo que es algo digno de ver. Y un placer el cómo te lo va enseñando todo este hombre; su generosidad a la hora de compartir y enseñar su casa, de la que tiene sobrados motivos para estar más que orgulloso. «No hay en todo el local una sola botella que esté en vertical». Nos cuenta también que la terracita, tan coqueta,  se plantea como un homenaje a los cafés literarios, «vinos y libros son ambos muy franceses». Se trata de promover, facilitar la reunión, la plática, el disfrute de tú a tú. Pero hay que escuchar a José Luis contarlo, quien esto escribe no sabe hilar tan bien.
«Muchas veces en este mundillo de eso que se da en llamar la cultura, que es una palabra que a mí no me gusta nada…» [Aquí se para, acaba de recordar una anécdota]  «Se enfadaron conmigo en la radio. En una entrevista —me llamaron por el día de las librerías— entré justo después de la responsable de otra  a la que habían preguntado, en un tono, entiendo, algo despectivo, que qué opinaba sobre esas nuevas librerías donde se servía vino y café. Algo así. Y, en fin, para empezar, no hay nuevas librerías, hay una, que ha sido esta, la primera, luego es cuando se ha hecho algo parecido en Madrid y otros sitios. No, de verdad; me fui a París, a Florencia… Iba buscando referencias,  y no había nada como lo que yo quería. Así, el que empezó con esto fui yo. Que da un poco igual, vaya, no se trata de esto. La chica respondió, con muy buen criterio, que bueno, que cada uno se busca la vida como puede. Cuando ya me preguntaron a mí, imagínate: le estaba esperando. Me dice, “hombre, José Luis, en Babel se fomenta la cultura…” Es entonces cuando le digo: “Mira, es que a mí la palabra cultura no me gusta cómo la manejáis todos, los políticos, los periodistas; no tiene ningún valor. A mí la palabra que me gusta es civilización. Si te fijas, las librerías solo existen en lugares civilizados. Ahora se ve mucho esta apología de lo auténtico, de lo local, este nacionalismo provinciano y casposo que se da en todo el mundo, no solamente en España, que si mi pueblo, etc. Ocurre que civilización es justo lo contrario: donde hay ciudades hay librerías: en Viena, en París… Pero yo no he visto ninguna librería en medio del desierto del Sáhara, por ejemplo, que es muy auténtico, los tuaregs son maravillosos, con una cultura propia importante, por supuesto. No hay libros pero no se puede negar el hecho cultural, ¿no? Que la ópera, en otro orden de cosas, está muy bien, pero no deja de ser un espectáculo. A mí me parece, entonces, que el culmen de la civilización es ver a dos personas en un bar hablando de un libro”. Algo así le contesté. La pregunta sobre qué hace un café dentro de una librería, me pareció una estupidez. Si algo tiene Europa es eso, toda la tradición del café literario. Ahí tienes a Steiner, por ejemplo.  Si tú vas a la España de la República estaban en el café discutiéndolo todo, Ortega estaba en los periódicos, a Unamuno lo conocía todo el mundo. Había, es cierto, una cultura de élite, pero había una conexión —vamos a llamarla— popular».
Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca) DSCF2646
José Luis, que también es profesor, ya se ha dicho, les ha hablado con frecuencia en estos términos a sus alumnos. «Cuando hablamos de literatura o de filosofía les suelo decir que la cultura española siempre ha sido cultura popular. Y es que es verdad, es una cosa que la gente no sabe o no quiere saber. Ahora al pueblo se le ha secuestrado con esta bazofia televisiva, que no es popular. La gente en este país tenía mucha dignidad. La cultura en España, al contrario que en otros países europeos, ha sido muy popular. Cervantes  lo era, Lope de Vega, Góngora, Calderón… Nunca fueron escritores de élites. Esto lo cuenta Pla muy bien, es lo bueno y lo malo de este país, “los que mandan en España y en Cataluña siempre son encargaos”. En Francia llevan mandando los mismos 800 años, pero en España no, aquí siempre hemos tenido esa injusticia de los gobernantes pero a la vez ese orgullo del pueblo llano que de vez en cuando sacaba pecho».
Todo eso se está perdiendo, le digo, el salir al café a departir, a charlar. «Claro. Y además es que se está confundiendo la tradición, vamos a llamarle así,  hispana, con el franquismo. Y es que no tiene nada que ver. La copla, por ejemplo, que no es que yo reivindique la copla, no me interesan ni la copla ni Almodóvar, siempre lo digo. Pero sí me interesa mucho Berlanga, que es cultura popular de un altísimo nivel». Que lo mismo es que somos un poco paletos, le digo. «Exactamente. Y ahora más paletos por esto que te digo, por el secuestro de lo popular». Así que eso es esta librería, sobre esto se sostiene, ando pensando. Y me lo confirma: «Es la idea de Babel, recuperar todo ese tipo de cosas. Mira, por ejemplo, ese señor que está en la barra, que es médico, como hay otros muchos que vienen por aquí; les gusta eso, además de leer, pasarse y acodarse en la barra; es fácil acabar charlando». Es un lugar esta Babel propicio para ello, sin duda. 
Cuando le pregunto por sus lecturas, por qué nos va a recomendar leer, recuerda una escapada a Madrid, hace años; se compró el último libro de Ángel González [que es un libro que se ha de leer con mucho cuidado los días en que a uno le da por no tomarse la cosa con humor, ya se lo digo yo. «Estos poemas son muy tristes, me han salido muy negros y no creo que los deba publicar»]. José Luis recuerda que «estaba tan cansado, llevaba como tres meses sin leer nada, hasta arriba de trabajo, tenía montones de catálogos por los suelos, en casa, porque yo iba eligiendo los libros para la librería uno a uno; y, aparte, peléate con los albañiles… en fin, una locura. El caso es que pasé por un par de librerías durante este viaje que te digo, y compré en una de ellas [i]Otoños y otras luces.[/i] Y es que fue un placer tan grande, una sensación casi física. Recuperar eso fue maravilloso». Luego, en una de las cajas que llegaron a la librería de aquel viaje apareció el Libro de réquiems deMauricio Wiesenthal, «cuando compro libros siempre dejo alguno al azar, me gusta ese decir a ver qué pasa, y me encantó. Porque es esa la relación que yo tengo con la literatura: de entusiasmo, nada racional. Es una pasión, también es verdad, nada sistemática, aleatoria». Andando el tiempo, él y Mauricio se harían grandes  amigos. «Luego escribió otro libro que a mí me parece aún mejor, El esnobismo de las golondrinas, sobre sus viajes, completamente delirante».
De eso se trata, entonces. No tenemos que contar mucho más. «En el hombre hay más cosas dignas de admiración que  de desprecio».
Librerias con encanto XV: La Biblioteca de Babel (Palma de Mallorca) DSCF2748




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